¿Por qué mienten los niños?

En ciertos casos, sin embargo, las fantasías desbocadas operan como un timbre de alarma. Así como un niño levanta a veces fiebre para  avisar con el cuerpo de un conflicto que no puede formular en palabras, la tabulación persistente configura un síntoma que lleva a preguntarse por las posibles causas, qué lo impresionó, qué lo angustió con tanta intensidad para obligarlo a escapar así a un mundo imaginario.

Mentiras grandes o mentiras chicas, ocasionales o frecuentes, ponen a prueba los vínculos de confianza entre el chiquito y su familia. Con el hábito de mentir se establece un círculo vicioso. El niño miente porque no se fía de las reacciones de los mayores y cada engaño  acentúa a su vez el descreimiento de los demás.

Tal situación es típica de muchos maestros o profesores que sistemáticamente ven en cada alumno un sospechoso, con lo que se crean climas que hacen muy difícil enseñar y aprender con la soltura, la libertad y el entusiasmo que reclaman esas tareas. Los pretextos para no pasar al frente, las “faltas” en días de prueba escrita, el hábito de soplar y de copiarse, el escondite en el baño durante las horas de clase y tantas otras trampas están señalando a gritos que también la sinceridad se faltó al aula.

Y las mentiras que así se generan lo son por partida doble ya que el alumno oculta o desfigura lo que ocurre en el colegio para que sus padres no lo castiguen por las amonestaciones y las malas notas.

Escrito por | 5 de junio de 2011 con 0 comentarios.
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