¿Por qué se portan mal?

No hacen caso, contestan mal y viven peleándose con sus compañeros… Aunque se los denomine niños rebeldes, muy pocos se dan cuenta del verdadero motivo de su comportamiento.

Muchas de las discusiones y de los problemas entre padres e hijos surgen a partir de la ausencia de diálogo entre ambos y de la falta de imposición de ciertas normas de conducta por parte de los primeros. Todo niño necesita, fundamentalmente, del cariño y los límites de sus padres más allá de las recompensas materiales que éstos les brinden para intentar cubrir sus, casi siempre, obligadas ausencias físicas.

Es claro que la falta de cualquiera de estos dos elementos ocasiona serios trastornos en su conducta tanto dentro como fuera de la casa. Los niños ejercen el poder que se les permite tomar sobre la dinámica de la familia y las acciones de los padres.

Hacerse del tiempo necesario para dialogar con ellos y fijarles ciertas normas o pautas de juego con reglas claras, cristalinas y transparentes transmitidas en lenguaje directo servirán para mejorar la relación.

Pero antes de sentarse a la mesa del diálogo y de las negociaciones con los niños son los padres quienes deben ponerse de acuerdo entre ellos y tener muy en claro qué es lo que pretenden de sus hijos, por lo que deben elegir un conjunto de normas que establezca un sistema equitativo de premios y castigos. La aplicación en forma coherente de esas normas promoverá el orden y la disciplina en la familia y contribuirá, en gran medida, a un mejor diálogo entre todos.

Escrito por | 28 de noviembre de 2011 con 0 comentarios.
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