¿Qué siente el bebé en el parto?

La ciencia ha descubierto aspectos medibles de esta misteriosa experiencia. Llegar al mundo supone un gran estrés por el enorme esfuerzo que requiere, y no sólo por parte de la madre. Aunque no tenemos recuerdos de nuestro nacimiento, podemos imaginar lo que supone el que a uno lo empujen a través de un tubo estrecho, caliente, oscuro, mojado y poco flexible, durante horas. Parece lógico pensar que el bebé siente dolor durante el parto, y no sólo después de nacer; acostumbrado al ambiente semioscuro, rítmicamente sonoro, de cálida suspensión acuosa del útero, se ve forzado a adaptarse a un repentino despliegue de luz, ruido y frío.

Una vez afuera, ya no hay estrechez ni presión, sino todo lo contrario: un espacio aparentemente ilimitado, sonidos muy fuertes (los ruidos exteriores eran amortiguados por el cuerpo de su madre), una luz cegadora y la fuerza de la gravedad que afecta a sus brazos y piernas. Otra molestia es el frío. Pasa de 37° C a los 20-22° ambientales. El choque es notable, sobre todo porque esta húmedo; por eso se lo tapa inmediatamente.

En una palabra: nacer no es un camino de rosas para el bebé. Lo que ocurre es que en un momento u otro tiene que aceptarlo. Antes, tal vez era más brusco. Hoy lo que tratamos de hacer es conseguir que sea más gradual: que el descenso de temperatura sea escalonado; en el tema de la luz, que no haya una transición brusca. Y en el de los ruidos, es indiscutible que reacciona ante ellos ya cuando está en el útero; no se trata de que haya un silencio absoluto, pero sí el menor nivel posible, para lo cual basta con hablar en un tono levemente inferior al normal.

Escrito por | 27 de octubre de 2011 con 0 comentarios.
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