¿Se recuerda el parto?

¿Resultó doloroso o más bien tranquilo? ¿Fue fácil o difícil? Las madres recuerdan un momento tan especial con lujo de detalles aun después de muchos años. Sin embargo, el propio nacimiento es algo que nadie puede recordar.  Durante mucho tiempo esto sirvió como indicio de que el ser humano no siente casi nada al comienzo de la vida, de que su cerebro sin desarrollar sólo conoce dos necesidades: calor y sueño.

Hasta no hace mucho, en los libros de estudio de asistencia al parto, los bebés se designaban como “objetos”, a los que los asistentes debían hacer respirar con unas prácticas rápidas y rutinarias, y llevar enseguida a la sala de recién nacidos.

Así era alrededor de los setenta, precisamente cuando llegaron al mundo las mujeres que ahora están dando a luz, la rutina en la sala de partos: en cuanto el bebé estaba en el exterior, se le metía un tubo hacia los pulmones para que eliminara el líquido amniótico; se lo agarraba de los tobillos, boca abajo, para que se estirara por completo; se le tomaban medidas; una palmada en la cola le arrancaba un claro signo de vida, su primer grito; de forma rutinaria se terminaba de prepararlo, cortándole el cordón umbilical, limpiándolo y vistiéndolo para enseñárselo a la madre y llevarlo a la nursery.

Estos métodos de asistencia al parto ya son pasado, o al menos debería ser así.  Mucho de lo que antes se hacía en nombre de la seguridad (succionar el líquido de los pulmones, tomarlo de los pies, la palmada en la cola…), pertenece hoy al pasado o está reservado sólo para casos especiales. Incluso en el caso de muchos bebés que necesitan una pequeña ayuda para empezar.

Escrito por | 4 de diciembre de 2011 con 0 comentarios.
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