24 de agosto de 2011

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Riesgos de mantener el hábito de succión

Ambas teorías que fueron explicadas en el post anterior intentan explicar el mantenimiento del hábito de succión no nutritiva (SNN) por un factor adaptativo. La teoría psicoanalítica sugiere que con la madurez, los niños pierden sus hábitos autoeróticos previamente asociados con las zonas erógenas primitivas. Así, se calcula que la mayoría de ellos cesa la SNN en forma temprana en su proceso de desarrollo (hacia los 3 años).

Este concepto sostiene el punto de vista de algunos autores, acerca de que los niños que persisten en la SNN después de la primera infancia tienen algún trastorno psicológico. Debido a que la digitosucción, de acuerdo con la teoría psicoanalítica, representa una forma de manejo de la ansiedad por el niño, su abrupta interrupción podría ser dañina para su desarrollo emocional normal.

Además, tal tratamiento podría ocasionar la sustitución del síntoma (la SNN) por otra conducta. Al parecer, en la mayoría de los casos el problema subyacente es resultado de un incremento agudo en el nivel de estrés y ansiedad. En forma coincidente, uno de los signos evidentes del intento del niño de manejar el incremento de ansiedad es la succión sostenida de los dedos. Por lo tanto, es tarea de los pediatras observar a los pacientes con hábitos de SNN, para detectar posibles trastornos psicológicos.

Las investigaciones mostraron que el hábito prolongado de succionar el pulgar puede tener efectos significativos sobre el desarrollo odontofacial. Si el hábito de SNN persiste hasta los 9 años y luego se detiene, pueden esperarse algunas correcciones espontáneas de los efectos odontofaciales. Esta corrección espontánea tiene lugar principalmente durante el primer año posterior a la cesación del hábito.

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Tortugas y aves como mascotas

LAS TORTUGAS SILENCIOSAS

Negarse a la entrada al hogar de un perro o un gato se argumenta sin dificultad. Pero una tortuga… donde vive un niño amante de los animales y no hay ni perro, ni gato, suele haber una tortuga.

Las tortugas también requieren ciertos cuidados específicos, pues pueden ser portadores de salmonelas, especialmente las que provienen de Florida. Para prevenir la enfermedad, es preciso limpiar los acuarios lejos de platos y utensilios de cocina y evitar que se encarguen de esta misión los niños. Después de terminar la tarea, hay que lavarse cuidadosamente las manos.

PERIQUITOS, PALOMAS Y OTRAS ALEGRÍAS…

Los periquitos, loros y palomas pueden padecer la enfermedad conocida como psitacosis u ornitosis. Ocasionalmente, se transmite a las personas por contacto directo con el ave o por la inhalación del polvo de sus heces secas o plumas y descargas nasales. En el hombre, el virus puede ocasionar una neumonía.

En el ave, los síntomas suelen ser de tipo respiratorio, aunque también pueden presentarse trastornos digestivos por lo que puede haber confusión en el diagnóstico. La presencia de la enfermedad en nuestro país podría ser más extendida de lo que parece. Es recomendable llevar al animal al veterinario ante cualquier sintomatología extraña.

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Ser una buena madre

En opinión del famoso pediatra y psicoanalista norteamericano D.W. Winnicott, para ser una madre suficientemente buena, hay que ser capaz de no responder ni total ni inmediatamente a los deseos del niño. Eso no quiere decir que hay que educar al niño en la indiferencia o el despotismo, sino que es necesario poner límites a sus exigencias.

Lo afirman psiquiatras y psicólogos: no debemos pretender ser padres perfectos. En primer lugar porque la perfección no existe. Y porque un padre o una madre que se cree perfecto es casi tan neurotizante como uno malo.

Una madre suficientemente buena debe dejar en la vida de su hijo espacio para el deseo. El deseo es una fuente de energía psíquica importante, tanto para el adulto como para el niño. Si ella se abalanza sobre la cuna de su bebé al menor suspiro, si le llena la boca antes de que haya sentido hambre, si abre el monedero para comprarle todos sus caprichos, si todo lo consiente… ¿cuándo va su hijo a conocer el deseo? ¿cuándo va a sentir el azote de la frustración? ¿y la satisfacción que produce alcanzar una meta largamente anhelada?

Por el bien de tu hijo, le deseamos una madre suficientemente buena. Una madre que también sea esposa, hermana, tía, amiga… Una madre que no sea posesiva.

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Los castigos más efectivos para los niños

Este es un castigo poco utilizado y muy efectivo. Sin gritar, le comunicas a tu hijo tu disgusto y sigues con lo tuyo. Pocos niños resisten esta situación mucho tiempo porque les inquieta nuestra supuesta indiferencia.

Para los casos que se merecen un golpe de efecto, conviene dejar aún más patente nuestra frialdad y recluirle en su habitación. La soledad le permitirá evaluar el desastre que ha causado. Mientras tanto, recuperarás el control sobre tus nervios.

No le tengas encerrado toda la tarde porque pronto se hará con la nueva situación y pasará un momento estupendo, rodeado como está de todos sus juguetes. De diez minutos a un cuarto de hora, el tiempo para acallar su llanto y recuperar la calma suelen ser más que suficientes. Cuando levantes el castigo, habíale tranquilamente de lo que ha pasado. Debe entender la magnitud de tu disgusto y pedirte perdón.

Bien administrada, ésta es tu mejor arma. Sin duda, la más eficaz. En primer lugar, la pérdida de privilegios que vas a inflingir a tu hijo debe tener relación con la gravedad de la falta. Tienes muchos cartuchos, pero no los malgastes irreflexivamente. Una falta leve no debe costar un privilegio muy valorado. Cada niño tiene su propia escala de valores. Mejor que tú, no la conoce nadie: su programa favorito de la tele, su videojuego preferido, la propina de fin de semana, la visita del primo…

Ten en cuenta algo importante: ni la cama ni la comida deben asociarse a castigos. Convertir un postre o la hora de ir a la cama en motivo de intercambios contra buenas o malas acciones pueden traer consecuencias indeseables. Si caes en esta tentación, te arriesgas a que él también los utilice para chantajearte, cosa que conseguiría con facilidad ya que el sueño y la comida son fundamentales para su salud.

Y otro aspecto a considerar: la mala conducta debe asociarse a una perdida de privilegios inmediata. El castigo no debe posponerse en el tiempo, sobre todo si el niño es pequeño. En caso contrario, corremos el riesgo de que no se olvide del motivo por el cual le hemos castigado.

Una buena idea: la pérdida de privilegio puede ser imaginaria. “Yo que pensaba jugar al parchís contigo, ahora no lo haré.”

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