28 de abril de 2012

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Comparar no es estímulo para un niño

Marco está aprendiendo a nadar. No es ni mejor ni peor que sus compañeros de clase. Pero tiene un primo de su misma edad, Gastón, que es todo un deportista: no sólo nada como un pez, sino que bucea, practica crol y hasta hace un poco de mariposa.

Ambos niños van al mismo centro de natación. Marco escucha alabar cada día las excelencias de su portentoso primo y, de vez en cuando, oye una bien intencionada frase del tipo de “A ver si llegas a ser tan magnífico atleta como Gastón”. El caso es que Marco parece haber perdido la ilusión de los primeros días y hay que empujarlo para que siga asistiendo al curso de natación. ¿Por qué será?

Muy sencillo. Lejos de ser un estímulo para Marco, los logros de su primo los encuentra inalcanzables para él. Y quizá con razón. Así que, ¿para qué competir contra lo imposible? La pauta de los padres de Marco es equivocada. Lo que deberían hacer es olvidarse del primo y reconocer y elogiar todos los progresos de Marco, sean grandes o pequeños.

Porque hay una comparación que sí es estimulante: la comparación con uno mismo. Los papas de Marco pueden esmerarse en enseñarle a dar importancia al hecho de que en la última semana su hijo ya sea capaz de flotar y hacer un largo con soltura y sin ningún tipo de protección, cosas de las que todavía no era capaz en el curso anterior.

Darse cuenta de los propios progresos equivale a compararse con uno mismo, es decir, comparar lo que uno sabía hacer ayer con lo que sabe hacer hoy. La sensación de progreso personal que se obtiene de este modo es sumamente motivadora y constituye un gran estímulo para seguir progresando.

Hay otro motivo que debe ponernos en guardia contra las odiosas comparaciones, y es que son uno de los principales motivos de celos y peleas entre hermanos. El método más fácil y seguro para provocar los celos es dedicarse a hacer comparaciones.

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Niños.

Alfombra infantil de actividades

Mostramos en la imagen la alfombra infantil de actividades Nikki Mat, con una particular forma de escarabajo, capaz de entretener a los bebés con una gran cantidad de actividades no solamente para divertirse sino para colaborar con el desarrollo de sus sentidos.

Llena de colores vivos, bien alegres, esta alfombra es acolchada y muy suave en textura, tiene dos arcos de juego y en ellos 5 peluches muy originales en sus formas, interactivos, y con colores muy parecidos a los de la alfombra. Es importante el hecho de que la altura de los arcos puede regularse para que los bebés puedan accedera a los peluches solamente estirando sus manitos.  Claro que no sólo los peluches son la atracción ya que cuenta además con otros elementos que llamarán su atención y despertarán su curiosidad tales como espejos, cascabeles, etc.

Es muy sencillo lavarla ya que todos los elementos extra pueden quitarse y lavarse por separado, incluso puede lavarse en la máquina lavadora y mantener su calidad por mucho tiempo.  En cuanto a la relación calidad precio podemos decir que es muy buena y si quieres conocer más detalles de la alfombra de actividades Nikki Mat puedes visitar la web oficial de TippiToes.

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Juguetes, libros y juegos.

Cuidado con niños mayores y animales en la plaza

A determinadas horas del día algunas plazas están abarrotadas de escolares y adolescentes que hacen carreras en bicicleta, exhibiciones con tablas (skates), partidos de fútbol, etc., todas ellas actividades muy arriesgadas cuando hay niños pequeños cerca.

Accidentalmente, éstos pueden ser empujados, atropellados o recibir un fuerte pelotazo. Si la plaza es lo suficientemente grande, habrá que alejarse en busca de un rincón más protegido. Si no es posible y las actividades de los mayores ponen en peligro la integridad del pequeño, no queda más remedio que irse a casa y, si se puede, visitarla cuando no esté tan concurrida (por ejemplo, por la mañana).

Un perro suelto conlleva un riesgo para un niño pequeño. Puede derribarlo si el niño se interpone en su carrera o si se abalanza sobre él con ánimo de jugar. En el peor de los casos, puede atacarlo y morderlo. Por norma, hay que impedir que los niños se acerquen a perros (y gatos) desconocidos, y más si tienen aspecto de vagabundos, pero sin retarlos ni asustarlos para no infundirles miedo (también una reacción atemorizada puede desorientar al animal y provocar una agresión).

Es imprescindible asegurarse de que las zonas donde el pequeño juega estén libres de cacas y orines, ya que son una vía de transmisión de gérmenes y enfermedades. Asimismo debemos evitar el contacto del niño con las heces de patos y palomas. Si la plaza está atestada de excrementos de animales, será preferible no acudir.

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Niños.