Actividades al aire libre con niños

Sólo hay que observarlos -rebozaditos en arena, agachándose una y otra vez, persiguiendo a las palomas  para darse cuenta de cómo disfrutan. Pero las ventajas no se limitan únicamente al aspecto lúdico.

Lo habitual es que los primeros intentos por caminar se produzcan entre los 10 y los 14 meses. Esto significa que el bebé empieza a tener autonomía, y a través del movimiento es como conoce el medio. Subirse a un escalón, sentarse sobre una piedra, saltar, correr, caerse y levantarse por sí  mismo, guardar el equilibrio pisando por un suelo irregular, y sin nada a mano donde sujetarse, lo volverá más diestro a la hora de caminar.

También su capacidad de manipular con las manos y dedos se enriquece. Agarrar objetos de forma más compleja que los que tiene en casa, lo ayuda a ser más hábil. Al sujetarse en una hamaca, a nuestro lado, intenta concentrar su fuerza por primera vez en las manos.

Otro beneficio primordial que ofrece la plaza son las grandes posibilidades de descubrir mundo. La experimentación con objetos, materiales y texturas nuevos favorece su maduración.

Es evidente que el desasosiego excesivo por la higiene de los niños no tiene fundamento y, además, limita desfavorablemente su labor investigadora, esencial en la maduración. Sin embargo, olvidándonos de exageraciones, hay ciertas medidas preventivas que conviene tomar para no correr riesgos.

Es importante estar pendiente de lavarle las manos y la cara siempre que vaya a comer y cuando llegue a casa; así se previenen infecciones. Y no confundamos términos; estas medidas no tienen nada que ver con eso de “no te manches”, “no te caigas”… Los especialistas coinciden en que las vivencias en la plaza enseñan a los niños a ser independientes. Permitamos a nuestros hijos disfrutar sin coartarlos a cada momento.

Escrito por | 17 de abril de 2011 con 0 comentarios.
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