Anestesia en la cesárea

Según distintas estadísticas, del 16 al 45 por ciento de los partos requieren cirugía (el porcentaje se incrementa cuando se trata de centros privados). Esto quiere decir que, al menos, uno de cada cuatro embarazos termina en cesárea, una operación que, incluso estando programada, suele provocar desconcierto y decepción. Además de renunciar a un parto vaginal, para el que con frecuencia llevan meses preparándose, muchas de las mujeres que dan a luz en el quirófano tienen la sensación de iniciar la maternidad a media máquina antes de poder ejercer de madres, deben recuperarse de una intervención con la que no contaban.

Afortunadamente, la cesárea ha experimentado numerosas mejoras desde sus inicios. En la actualidad, no es
exagerado definirla como una operación rutinaria, rápida y muy segura, que la mujer puede vivir plenamente consciente, y que conlleva un posoperatorio cada vez más corto y, en la mayoría de los casos, exento de complicaciones.

Tanto es así que, hoy en día, verso a como se practicó la incisión: primero el útero, después los peritoneos o envolturas que recubren la pared abdominal y la matriz, luego los músculos, la capa subcutánea y, por último, la piel. La velocidad no debe implicar desprolijidad. Algunos obstetras necesitan un poco más de tiempo y ello no debe preocupar, ya que lo importante es el resultado final.

Despierta durante el acontecimiento

Gracias a la anestesia epidural, hoy en día es posible presenciar el nacimiento del bebé, incluso para aquellas mamás que deben someterse a una cesárea. Para ellas, ésta es la virtud principal de tan afamada analgesia. Para los médicos, el no tener que recurrir a la anestesia general conlleva otras ventajas muy importantes: La principal es que evita el reflujo del contenido gástrico al pulmón. Además, se suprime la respiración artificial, por lo que la mujer no necesita intubación. Al no perder la conciencia, la epidural elimina el estado de desorientación que suele caracterizar al despertar de toda intervención, lo que mejora el posoperatorio inmediato.

Sea cual sea el tipo de anestesia empleada, la seguridad es máxima y los efectos secundarios, mínimos. Eso permite a la madre una mejoría rápida, además de amamantar a su hijo en forma temprana, cosa que no sucedía hace años, cuando era normal esperar 24 horas antes de poner al niño al pecho.

Escrito por | 11 de mayo de 2010 con 2 comentarios.
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Comentarios

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