Aprendiendo a ir al baño

Casi todos los niños terminan por usar su sillita entre los 27 y los 30 meses. Y lo más importante es que después de algunos días o semanas de haber aprendido a librarse de la deposición sólida también descubren que pueden usar la misma pelela para orinar en ella. Pocos de estos niños tratados con paciencia pertenecen al grupo de los que más tarde mojan la cama de noche. ¿A qué se debe esto? A que un chico de 3 o 4 años que moja la cama está protestando inconscientemente del trato excesivamente riguroso que recibe durante la jornada.

Y cuando por fin llegue ese bendito día que es casi un rito de iniciación es recomendable que los padres se muestren satisfechos, pero no exultantes. Pueden decirle que ahora ya es un niño grande o “yo sabía que eras capaz de hacerlo”. Que no parezca que este logro se debe a la exigencia materna, sino que se note que se trata de un triunfo que sólo al pequeño le pertenece.

Una vez que ha logrado controlar durante el día, algunos padres se preguntan si corresponde despertarlo, por ejemplo, a las diez de la noche para llevarlo a su sillita. En realidad, no hace falta; esta actitud serviría más bien para que empiece a rebelarse contra la pelela. Lo ideal en esta etapa es manejarse con mucha paciencia y darle tiempo.

De vez en cuando (pero no a diario) es bueno empezar a decirle “algún día vas a usar el asiento del baño, como mamá y papá”. Cuando menos lo esperemos, el pequeño aceptará poner su sillita encima del inodoro inmenso, sin temor de caer en él.

A veces, a pesar de haberse adaptado perfectamente al uso del baño, un niño puede sufrir algún tipo de accidente (regresión) que lo obligue a usar pañales un tiempo más. Esto puede obedecer a diversas causas: un viaje, el cambio de casa o la llegada a la familia de un hermanito. Los padres tienen que entender que esta situación es normal. En lugar de mostrar fastidio, deberán entonces extremar su amabilidad con el pequeño y contemporizar confirmando que pronto volverá a la costumbre de andar seco y bien limpio porque no es como el nuevo bebé, que ensucia pañales. De ese modo no se sentirá demasiado culpable de los celos que lo acosan.

Aun en el peor de los casos la mayoría de los ñiños completa su entrenamiento a los tres años. Lograrlo será motivo de un orgullo tan grande como el que va a sentir cuando reconozca las primeras letras.

Escrito por | 8 de enero de 2011 con 0 comentarios.
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