Cómo se visten los niños

Después de interminables debates, terminamos aprendiendo a reservar nuestra energía para los casos muy graves y pensando que no es tan terrible que nuestros hijos usen durante meses un pantalón hecho harapos, una cinta en el pelo que parece rescatada de un basural, una remera que ostenta la marca de una gaseosa o un tutu de ballet.

Quizá sea simplemente que llega un momento en que quedamos exhaustas en esa lucha por imponer nuestros gustos y normas y optamos por un laissez-faire mucho más saludable para nuestro sistema nervioso. Sin embargo, debe haber algo más. Se trata de la toma de conciencia materna de que hay áreas en la vida de un menor en las que él necesita ensayar sus propias fuerzas y su autonomía y entonces decide comer sólo papas fritas tres veces por día o beber leche chocolatada sin ingerir otro tipo de alimento durante una semana.

Reprimir estas actitudes equivaldría a impedirle expresar su personalidad. Una nena que dice “no quiero que me pongas cintas en el pelo o necesito que todos mis vestidos se abrochen en la delantera”, está manifestando quién es ella en realidad. Una madre que le exija obediencia, se asombrará cuando compruebe qué corto es el tiempo en que podrá acallar la rebelión.

Escrito por | 19 de septiembre de 2010 con 0 comentarios.
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