Cómo será el segundo embarazo

Las dudas llegan, a más tardar, hacia el sexto o séptimo mes. “Apenas me estoy ocupando de este bebé”, piensa la embarazada, sintiendo sensación de culpabilidad. “Cuando esperaba al primero, a esta altura ya le hablaba, lo acariciaba a través de mi piel y le cantaba las primeras nanas.”

Esta es, más o menos, la tónica general. Si se tiene otro hijo, el segundo embarazo transcurre como de pasada. Las mujeres ya saben cómo se sienten en este estado, además de tener menos tiempo para soñar con el pequeño que llevan en su vientre. Lo que falta es la euforia. Con el primer hijo se piensa cien veces al día: ¡estoy embarazada! Se lo tiene siempre en mente, es algo tremendo, especial, revolucionario. En cambio, cuando se vuelve al estado de embarazo muchas cosas se diluyen en los quehaceres cotidianos. Sólo durante las tres o cuatro semanas antes de dar a luz se empieza a dar una importancia mayor.

¿Será igual con el segundo?

Muchas mujeres tienen una relación tan intensa con su primer hijo que no pueden imaginarse sentir otra vez un amor tan absoluto. Cuando su pequeño las mira y les regala una de esas sonrisas de ángel o las abraza con sus bracitos regordetes, su corazón de madre se desborda de amor y ternura. Por otro lado, son precisamente estos sentimientos fuertes los que contribuyen a que una mujer desee tener un segundo hijo: abrazar una vez más a un cuerpecito tan frágil e indefenso, experimentar de nuevo la primera sonrisa, los primeros pasos, las primeras palabras de un ser tan adorable… ¡qué maravilla!

Sin embargo, curtidas como están por la vida con un bebé, estas mujeres también saben cuánta fuerza y atención reclama un niño pequeño. “Al enterarme de la noticia de mi segundo embarazo, mi primera preocupación era si sería capaz de ofrecer a este nuevo bebé el mismo amor total e indiviso del que venía disfrutando mi hija Erika, que entonces tenía dos años y medio”, señala una mamá.

Casi todas las mujeres con más de un hijo conocen estos sentimientos de ambivalencia, aunque con distintos enfoques. Mientras que unas temen no poder amar lo bastante al segundo, otras se preocupan por los sentimientos del primero, pensando que si vuelven a sentir el mismo cariño por el recién nacido como la primera vez, tendrán que restárselo al más grande.

Escrito por | 6 de marzo de 2011 con 0 comentarios.
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