Comunicarse con el bebé

“Cuchi, cuchi”, “agrrr, agrrr”, “ajooo, ajooo”… Hasta el padre más hecho y derecho, serio y encorbatado, no tarda en entablar extrañas conversaciones como ésta con su pequeño bebé. Su voz se eleva hasta unos agudos insospechados, mientras su rostro acompaña con todo tipo de muecas. ¿El objetivo? Hacer sonreír al bebé.

Científicamente hablando, esta escena entre el adulto y el niño se llama “interacción” y, con leves matices, se desarrolla de la misma manera en todas las culturas. Se sabe que, por ejemplo, todos los padres nos acercamos, instintivamente, a unos 20 ó 25 cm de la cara de nuestro pequeño. Justo la distancia a la cual los bebés ven más nítidamente. Levantamos las cejas y abrimos los ojos de par en par, probablemente para facilitarles las cosas, es decir, para que capten nuestra mirada.

También imitamos la mímica del bebé. Fruncimos la frente igual que él o formamos una “o” con los labios. Y cuando vemos el más mínimo esbozo de una sonrisa, ésta se refleja también en nuestra cara. Lo que hacemos, en realidad, es poner delante de nuestros hijos una especie de “espejo biológico”. Si el bebé descubre sus propios gestos en la cara de otra persona, confirma de alguna manera que él es un ser humano como ellos.

Escrito por | 28 de marzo de 2011 con 0 comentarios.
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