Cuando agotan nuestra paciencia

Estos seres pequeñitos que tantas satisfacciones nos proporcionan, también a veces ponen a prueba nuestros nervios y el límite de nuestro aguante. Los niños necesitan estar experimentando continuamente con todo lo que los rodea. Es su forma de aprender, de saber gradualmente qué es lo que pueden hacer por ellos mismos y qué no, qué es peligroso y qué no lo es.

Desde luego, los padres tenemos que ayudarlos a que distingan, poniéndoles límites, aunque a veces estas limitaciones provoquen la frustración de los pequeños y tengamos que aguantar la tormenta de la rabieta. Pero también podemos aprender a descifrar y entender el comportamiento de nuestros hijos para saber, en la medida de lo posible, cómo evitar que estalle la tormenta.

Cuando empiezan a gatear hay que armarse de paciencia. A medida que los niños comienzan a sostenerse por sí solos aumenta su “temible” independencia y empiezan a dar muestras de que quieren hacer exactamente lo que les da la gana, por muy incómodo que esto sea para nosotros. Y es más; no les gusta que se interfiera en su camino y se resisten muchas veces a que se desvíe su atención hacia otras actividades. Ahí es cuando puede estallar el conflicto. Y no es porque ellos sean cabezones. Sencillamente, no entienden que sus padres les prohiban disfrutar de algo que para ellos resulta tan excitante.

Escrito por | 19 de diciembre de 2010 con 1 comentario.
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Comentarios

  1. Evitar conflictos con los niños - Crece Bebe - 26 de diciembre de 2010 | 16:54

    […] mejor forma de evitar situaciones de enfrentamiento entre los padres y el niño es tratar de impedirlas, reduciendo las fuentes de conflicto siempre […]

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