Cuando y cómo se resuelve el complejo de Edipo

Hemos dicho que este conflicto es pasajero y señalaremos que lo es porque, en condiciones normales, se mantiene dentro de unos límites y termina por resolverse. Así ocurre por lo menos en las familias equilibradas y bien constituidas, donde los papeles de cada uno están claros. Eso y la rápida maduración del niño terminan por hacerle asimilar el principio de realidad: papá y mamá se pertenecen como pareja, y él no tiene nada que hacer en ese terreno. Su papel y su lugar es otro, desde el que también puede amar intensamente a sus padres y ser amado por ellos, pero en otro plano. Así que decide posponer sus impulsos románticos y optar por el camino de la identificación: el varón quiere hacerse un hombre como papá y buscará más tarde a una mujer como la mamá, y la nena hará a la inversa. De este modo sus sentimientos quedan en paz.

Sin embargo, hay circunstancias que pueden alterar el buen curso y desenlace de esta etapa que hemos descrito. Una mala relación de pareja entre los padres puede hacer que las fantasías infantiles se exacerben y el niño crea ocupar un lugar que no le corresponde con respecto al progenitor del otro sexo. Sobre todo si éste busca en el niño una compensación del amor defraudado o si rivaliza con su cónyuge para acaparar el amor del hijo. Peor aún si se busca con el niño una complicidad a toda costa, incluso hablándole mal del otro y haciéndole confidencias acerca de la crisis de pareja.

Si, en mitad de esta situación, al niño se le consiente, por ejemplo, ocupar en la cama conyugal el lugar del padre ausente, la situación se habrá llevado ya a un nivel de riesgo máximo y puede convertirse para el niño en una trampa mortal. Atrapado en sus fantasías incestuosas y embargado, como es lógico, por un intenso sentimiento de culpa, su maduración psicosexual y toda su personalidad puede verse alterada. La neurosis y diversos trastornos en las relaciones y en la esfera sexual serán más adelante signos de esa alteración.

No hay que asustarse
Lo habitual es que la situación edípica se resuelva sin problemas, pero el riesgo existe y es mejor estar prevenidos. Dos son las condiciones para una resolución saludable de esta etapa.

La primera, que la pareja formada por los padres muestre que se quiere y que está unida. Esto ayudará al chico a encontrar su lugar de niño, contrapesando sus fantasías con el peso de la realidad. Tener la certeza de que sus padres se quieren y lo quieren es lo que le dará seguridad y lo hará feliz, liberándolo de fantasías inquietantes.

Un segundo factor que ayudará a una buena resolución de esta etapa es que ninguno de los padres abdique de su autoridad. Hay que evitar que el padre sea excesivamente complaciente con la niña dejando para la madre todo el peso de la severidad (y a la inversa con el niño), lo que desequilibraría la balanza en la relación afectiva del hijo con ambos. Los dos deben combinar la autoridad y la ternura. El papá debe ser, por supuesto, cariñoso con la niña, y la mamá con su hijo, pero cuidando de no estimular sus fantasías más allá de lo sensato y razonable.

Escrito por | 13 de abril de 2012 con 0 comentarios.
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