Educar a los padres

Podemos quejarnos continuamente de que los padres no ayudan en casa, si, en cambio, elegimos la vía del elogio, no fingido, sino como un auténtico reconocimiento al esfuerzo del otro, el panorama cambia.

Hay que recordar que, desde la infancia, a los hombres se les ha enseñado a pensar que su trabajo y el dinero que aportan son la única manera de decirle “te quiero” a su familia. Nos corresponde, tal vez, subrayarles que calmar a un niño, dormirlo o estar pendiente, igual que las madres, de si se acabó el café, también son modos de decir “te quiero”.

Y el elogio es una manera de familiarizar al hombre con esto. Por lo menos, la experiencia demuestra que es mucho más gratificante y útil decirles: “¡Qué suerte que te levantaste vos a ponerle el chupete!”, que “por fin te diste cuenta de que tenías un hijo.”

Por supuesto, no ignoramos que más de una mujer, ante estas sugerencias, podrá pensar: ¿ahora resulta que, además de trabajar y criar a mis hijos, me piden que “eduque” a mi marido para que sea un buen padre? Y bueno, esta última es una de las maneras de enfocar el asunto: con resentimiento y ánimo de pelea. Pero no creemos que sirva, además de que, por si hiciera falta aclararlo, no estamos propiciando una carga más para la madre. Simplemente, se trata de que seamos un poco más inteligentes y auténticas para enfrentar las dificultades: que expresemos claramente nuestra necesidad de apoyo y que recorramos los senderos más aptos para lograrlo.

Los hombres son distintos de las mujeres,afortunadamente para todos, y en esta cultura necesitan ayuda para poder ayudarnos. Más si les pedimos colaboración en funciones tradicionalmente femeninas.

Escrito por | 22 de abril de 2011 con 0 comentarios.
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