El bebé a la hora de comer

Lo importante es que para el bebé la comida sea una alegría y un placer. Los reproches y prohibiciones le quitan las ganas de comer, y un niño sin apetito es algo mucho más preocupante que un niño sucio, pero feliz.

Huelga decir que tampoco conviene obligarlo a comer de todo ni a terminar siempre lo que hay en el plato. Puede ocurrir que nuestro hijo, siempre que no esté enfermo o incubando una enfermedad, cierre la boca, gire la cabeza o incluso escupa la comida. Esto sólo puede significar dos cosas:

• Si lo hace al comenzar la comida, es que el alimento ofrecido no le gusta. En este caso podemos tratar de camuflarlo (por ejemplo, mezclando la verdura con el puré de papas) o, si persiste en su negativa, se puede sustituir por otro similar: el yogur por queso fresco o las acelgas por otra verdura verde.

• Si reacciona así cuando el plato está ya casi vacío, es que no tiene más hambre. Los padres no deberían pasar nunca por alto estas señales.

Tampoco hay que olvidar que la comida constituye una magnífica ocasión para iniciar una lucha por el poder. Hasta un cachorro de dos palmos comprende rápidamente que puede dominar a sus padres negándose a comer. También por esta causa resulta mucho más sabio, dentro de unas pautas de alimentación razonables, no ser demasiado rigurosos en cuanto a cantidad y gustos personales.

Como casi siempre, lo decisivo es el ejemplo de los propios padres. Todos los niños poseen un fuerte impulso de imitar lo que ven. Esta vehemencia los llevará poco a poco, tras un tiempo de ensayo, a manejar la cuchara con pulcritud, igual que mamá y papá, o más tarde, a utilizar correctamente el cuchillo y el tenedor. Se trata de una enseñanza mucho más eficaz que los sermones y los retos.

Escrito por | 17 de junio de 2011 con 0 comentarios.
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