El bebé no para de llorar

Le hemos dado el pecho o el biberón, por lo tanto su llanto no puede ser por hambre. Le hemos cambiado los pañales, es decir que no está mojado ni paspado. Hemos jugado con él,  le hemos hablado y cantado: aburrido no puede estar. Lo hemos probado todo, pero no conseguimos calmarlo.

Entonces es cuando nos ponemos nerviosos. Queremos consolar a nuestro hijo y no podemos. La tensión aumenta y ésta, a su vez, puede generar cierta agresividad. Se llega entonces a la situación contraria a la que queríamos llegar: en lugar de consolar al niño paciente y cariñosamente, una cierta hostilidad se apodera de nosotros.

No sabemos si ponernos a llorar también o salir corriendo para dejar de oír esos berridos que nos paiten el alma. El bebé, por muy chiquitito que sea, capta perfectamente el estado de ánimo de los padres y llora aún más por miedo a ser abandonado. Así se va generando un círculo vicioso muy difícil de quebrar. Por lo tanto, no se trata sólo de calmar al bebé, sino también a los padres. En este informe exponemos varias sugerencias de eficacia probada para que vuelva a reinar la paz entre todos.

Escrito por | 15 de noviembre de 2010 con 1 comentario.
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  1. El pecho no debe ser un chupete - Crece Bebe - 17 de noviembre de 2010 | 9:01

    […] las madres amamantan al niño,  ofrecerle el pecho es, a veces, una fórmula mágica contra el llanto. Sin embargo, no conviene abusar de este recurso por las siguientes […]

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