El bebé se reconoce

Durante los primeros meses de vida, el pequeño no distingue entre el cuerpo de su madre y el suyo propio. Si pudiéramos preguntarle, no conocería la diferencia entre “esto soy yo” y “aquello no soy yo”. Una de las tareas que todos los bebés deben superar durante su primer año consiste en aprender a reconocerse a sí mismos: éste es mi cuerpo; incluso aquello tan lejano, lo que los mayores llaman pies, forma parte de mí; más allá empieza el no-yo.

Esto lo aprende el bebé a través del contacto con otras personas, especialmente con los padres al principio. Se trata de un proceso más lento de lo que solemos imaginar. Incluso el niño de dos años aún percibe su propio cuerpo en forma global. Por ello, todos los niños de esta edad que sienten algún dolor dicen “me duele la panza”. En realidad, puede tratarse de un dolor de oídos, pero ellos siempre creen que les duele “la pancita”.

Por supuesto, ninguna madre acariciará a su bebé con el único fin de fomentar la estructuración de su cerebro. Tampoco la moverá la intención de ayudarlo a establecer los límites entre su propio cuerpo y el mundo exterior.

Por el contrario, lo acuna y lo abraza espontáneamente, sin pensar en otra cosa que en el amor que siente por él. Afortunadamente, pues de lo contrario la humanidad ya habría dejado de existir.

Escrito por | 18 de marzo de 2010 con 0 comentarios.
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