El cambio en los niños en edad escolar

“… Desde que mi hijo ha empezado a ir a la escuela infantil, cuando llega a casa se porta fatal. Siempre ha sido un niño bueno, cariñoso y obediente; pero de un tiempo a esta parte no para: todo lo toca, lo rompe, grita, patalea, se enfada… Llego cansada de trabajar, no puedo hacer nada en la casa y me paso el rato regañándole. Me pregunto si la causa está en lo que ve hacer a los otros niños o en que su profesora no les controla, y también qué puedo hacer para que vuelva a ser el de siempre.”

La integración en la escuela, independientemente de la edad de los niños, supone un proceso costoso para todos: el ritmo de la vida cotidiana ha cambiado considerablemente para toda la familia. Unos y otros llegan a casa cansados después de una jornada de mucha actividad y los momentos de convivencia ya no son iguales. Antes, padres e hijos tenían todo el día para estar juntos, jugar, hacer la comida, pasear, ver la televisión…

Para todos era más fácil encontrar un momento para cada cosa o adaptarse a las mutuas exigencias. Pero ahora, con la escuela y el trabajo, todo es diferente. Sobre todo para los peques de la casa. Han pasado un día muy activo, compartiendo los juguetes, el espacio y a su educador con un montón de niños… y durante mucho rato no han tenido cerca a su mamá ni a su papá. Al llegar a casa lo único que quieren, al menos por un rato largo, es ser los protagonistas absolutos y acaparar la atención y el cariño de las personas más importantes de su vida: sus padres.

No les podemos pedir que entiendan que hay que preparar la cena, o barrer el suelo, o hablar por teléfono… justo en ese momento. Porque para ellos está muy claro: es el momento del encuentro: de compartir un juego o un mimo, de mirar un cuento juntos, de pasear, de pintar… un momento exclusivo que han estado esperando todo el día.

Si no es así, si los adultos se centran en otras tareas, entonces los niños suelen sentirse inseguros, con una necesidad que sólo pueden expresar llorando o llamando la atención de los mayores como sea, principalmente haciendo todo aquello que tienen prohibido. La solución es muy fácil: dedicarles ese momento de reencuentro con tranquilidad y mucho amor, hasta que se sientan tan seguros que acepten las diferentes actividades de cada uno.

Escrito por | 25 de agosto de 2011 con 0 comentarios.
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