El complejo de Edipo

No hay nada en el complejo de Edipo de antinatural ni de aberrante. Sencillamente, la naturaleza es anterior a la cultura, y el niño todavía no ha interiorizado por completo nuestras normas culturales, entre ellas el tabú del incesto.

Hasta aquí el asunto no ofrece mayor problema. A fin de cuentas la propia realidad se encarga de que las cosas no lleguen a mayores, por mucho que el niño o la niña puedan decir a veces: “Papá -o mamá- cuando crezca me voy a casar con vos“.

Pero las batallas que se libran en el campo de la fantasía, a veces, son tan importantes como las que se libran en el campo de la realidad. Porque el “enamoramiento” del niño hacia mamá necesariamente debe hacerlo sentir a papá como un rival, y esto provoca un importante sentimiento de culpa. A la nena le ocurre a la inversa, y con el agravante de que su actual rival (mamá) había sido, cuando ella era bebé y también cuando daba sus primeros pasos, el personaje central y primordial de su vida.

El drama está servido. La atracción por papá o mamá pueden vivirla la niña o el niño conscientemente -ya hemos dicho que a veces dicen querer desposarlos-, pero la rivalidad con el progenitor del mismo sexo se mantiene más o menos inconsciente, debido al sentimiento de culpa que provoca. ¿Cómo admitir que a uno le molesta y hasta desearía la desaparición de esa persona tan querida? Papá y mamá, no lo olvidemos, son, con diferencia, las personas más amadas e importantes para un niño de esta edad.

Esta novela familiar se manifiesta de múltiples maneras. Los niños quieren llamar a toda costa la atención de mamá con sus gracias y proezas. Las niñas despliegan un encanto irresistible -y a esta edad les resulta fácil- en su trato con papá. Y la rivalidad se hace notar. “Mi hija-nos cuenta una lectora- me trata de una manera un tanto despótica, a veces francamente insoportable, y en cambio con su papá se deshace en remilgos. La verdad es que a veces estoy desconcertada.”

Pero no debemos asustarnos. Esta etapa, como ya hemos dicho, es tan normal como pasajera. Una fase que también nosotros hemos pasado, aunque no guardemos recuerdo. En primer lugar porque aquellos años tan tempranos han quedado muy lejos. Pero además porque, una vez cerrada dicha etapa, las emociones y vivencias relacionadas con esta temática sufren una férrea censura y sucumben al olvido, entrando a formar parte de nuestro mundo inconsciente. Donde hubo fuego, ¿cenizas quedan?

Escrito por | 30 de marzo de 2012 con 0 comentarios.
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