El espacio destinado al niño

¿Qué espacio y cuánta superficie se debe reservar a los hijos en la casa? ¿Cómo se puede organizar ese espacio adecuadamente? Son muchos y variados los aspectos que se deben tener en cuenta. Cada niño debería tener su espacio personal, en el cual se sienta protegido y donde pueda expresar su indispensable autonomía, en cada una de las etapas del desarrollo: para dormir, aislarse y desempeñar actividades autónomas.

Dicho espacio debe, a la vez, estar comunicado con los demás espacios de la casa, no sólo para que los padres puedan acudir cuando el recién nacido reclama su atención, sino sobre todo para que el niño se sienta en relación con “los demás” en todo momento, ya sea advirtiendo el espacio del alojamiento como una continuidad, o a través de las luces, los rumores y los sonidos procedentes de las demás zonas de la casa. Y luego, a medida que el niño crece, necesita sentir durante el transcurso de su educación que dispone de un espacio “suyo”, apto para relacionarse con los demás.

Si se tiene más de un hijo, se deberá prever un espacio más amplio: se pueden juntar dos pequeñas habitaciones individuales en una sola de mayor superficie tras tirar la pared que las separaba; no obstante, en caso de necesidad, esta habitación se podrá dividir en dos espacios reservados a las actividades individuales, por medio de mamparas móviles, que se apartarán con facilidad durante las horas de uso común de la estancia. Por supuesto, existe una multitud de buenas soluciones, adecuadas a las características del alojamiento y a las necesidades de cada familia, si bien la exigencia fundamental en todos los casos es que permita conciliar los momentos de aislamiento con los de vida en común y que comunique eficazmente entre sí las diferentes partes de que se compone el alojamiento.

Escrito por | 12 de septiembre de 2011 con 0 comentarios.
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