El gusto antes de nacer

Es posible que alguien se resista a un plato con galletitas, a una taza de chocolate o a un suculento helado? Seguramente ni un bebé, si lo dejaran. Ese modo de relamer las gotitas de leche materna que quedan entre sus labios delata que nuestro idilio con el dulce se remonta hasta nuestra más tierna infancia. O todavía más atrás.

Un grupo de científicos acaba de demostrarnos que ya en el vientre de nuestra mamá somos capaces de detectar el sabor dulce en el líquido amniótico. Intrigados por la costumbre de los bebés de ingerir cierta cantidad de dicha sustancia, decidieron inyectar una dosis de azúcar en él. El resultado ha sido sorprendente: los futuros bebés aumentan su toma cuando aprecian que está edulcorada.

La investigación confirma que entre las semanas 24 y 32 de gestación, el bebé comienza a percibir el sabor dulce y el ácido. Una vez fuera del útero materno, el recién nacido va desarrollando poco a poco la gama completa de sensaciones que componen el sentido del gusto: dulce, ácido, amargo y salado.

En este proceso intervienen las papilas gustativas, cuyos nervios transmiten el mensaje al cerebro. La cantidad viene determinada genéticamente. Unas personas nacen con cientos de papilas, otras con miles. Así se explica cómo a tan corta edad los gustos ya difieren de unos niños a otros, si bien los hábitos familiares también intervienen en su futuro paladar.

Las personas que nacen con un número elevado de papilas gustativas son más sensibles a las grasas. Tanto que aprecian inmediatamente si la leche que ingieren es descremada, semidescremada o entera. Se sabe también que un niño tiene más papilas que un adulto y, por eso, rechaza sabores que quizá más adelante, a medida que se haga más grande, le encantará.

Escrito por | 8 de abril de 2011 con 0 comentarios.
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