El médico y los futuros padres

La misma naturaleza que diseñó los nacimientos sabe que no todos llegan a feliz término obligadamente. A ella no le importa; la especie no corre peligro por la muerte ocasional de algunos de sus integrantes. Sin embargo, así como en la naturaleza la pérdida de una sola vida no altera la armonía entre las especies, para los humanos constituye una catástrofe emocional. Cada vida es única e irrepetible. Un hijo no puede ser reemplazado por otro, aunque persista la capacidad reproductora.

Es posible respetar todos los aspectos del parto normal, incluso en la clínica más sofisticada del mundo. El tener instrumental quirúrgico disponible no implica que se lo use indiscriminadamente o que las potentes luces del quirófano sean orientadas hacia los ojos del recién nacido.

El vínculo madre-hijo no puede ser alterado sólo porque la institución posea salas de aislamiento para recién nacidos normales (nursery). La pareja embarazada debe discutir con su médico las diferentes alternativas que pueda ofrecer la asistencia del parto y es en forma conjunta que se elaboraran las decisiones.

Mamá-papá-médico

Los embarazos no siempre transcurren sin sobresaltos y las esperas no siempre son dulces. Los imprevistos, o aquellos complicados por enfermedad de la madre, pueden llevar a resultados indeseables. Trabajos de parto excesivamente medicados o, por lo contrario, el no tratar el dolor del parto en forma adecuada, puede llevar a trastornos de la maternidad o alteraciones del vínculo de la madre con su hijo.

Pero si bien la obstetricia posee recursos instrumentales para tratar estas situaciones, el arsenal terapéutico más sofisticado resulta incompleto si no cuenta con el recurso básico más importante en el acto médico: la relación personal médico-paciente.

Ambos generan una alianza de cuya fuerza dependerá, en gran medida, el resultado del acto terapéutico. Si bien es una situación interpersonal, no es una más. Interjuegan historias y expectativas, no siempre comunes.

Papá-mamá-médico, son puntos equidistantes de un triángulo, pero no equivalentes. Mientras los padres anhelan ser escuchados, entendidos, protegidos y reclaman una entrega incondicional del médico, éste, por su parte, se siente el depositario de una demanda que no sólo proviene de la pareja, también de la familia. El éxito depende del esfuerzo conjunto.

Escrito por | 10 de septiembre de 2011 con 0 comentarios.
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