El menú de los niños

A los 6 meses ya se pueden introducir los potes de puré de damascos o duraznos. Así, sucesivamente, nuestro hijo se familiarizará con los más diversos sabores y se irá formando su capacidad de discernar entre lo que más le gusta.

¿Por qué insistimos en variar el menú?

Comenzamos por el puré de zanahorias, rico en caroteno, que se transforma en vitamina A y brinda sustancias indispensables para que el bebé tenga buen color (evidenciado en la cara y en las palmas de las manos).

Pero luego agregamos el de papas, que a su valor calórico une su capacidad de hacer más fáciles de deglutir y asimilar las carnes, el huevo y el pescado.

A partir de los 2 años nuestro hijo puede comer prácticamente todo tipo de purés. Es la variedad el factor que asegurará que ingiera las necesarias proteínas, vitaminas y minerales. Si come todo los días puré de espinacas y bife de hígado estará ingiriendo muchísimo hierro, pero acusará la carencia de otros minerales. Por otra parte, es lógico que si al mediodía come pastas, por la noche ingiera puré de verduras, o viceversa. Ni demasiadas féculas, ni demasiadas verduras, ni demasiadas carnes, todo en la dieta diaria debe estar equilibrado.

El principio del agregado de alimentos en forma progresiva debe regir nuestra disposición al alimentar a un pequeño. Toda transición debe ser lenta, sin forzarlo.

Sobre todas las cosas, nada de nervios. Con calma y paciencia obtendremos siempre los resultados deseados. Pasado mañana comerá con gusto el puré de zanahorias que desdeña hoy. Los niños, como los adultos, pasan por períodos que acusan cambios en los gustos y preferencias. ¿Por qué no respetarlos, tal como los respetamos en otros dominios? Aun el bróculi puede llegar a ser delicioso cuando se aprende a gustarlo en porciones pequeñas, rescatado de un bonito pote que simplemente hay que calentar (o no) al baño de María.

Escrito por | 26 de abril de 2010 con 0 comentarios.
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