El mobiliario infantil

Si te portas mal, te encierro en tu pieza! ¡Te quedas en tu cuarto toda la tarde! Frases que nos hacían temblar en nuestra infancia. La habitación, con su cama inmensa y su armario vetusto era un lugar para el castigo y era, sin duda, el sitio menos atractivo de la casa.

Claro que tanto las habitaciones infantiles como sus funciones primordiales han cambiado y ahora albergan una rara mezcla de juguetes, muebles multicolores y ropa que nunca se termina de guardar. Pero ¿qué les sucede a los niños con sus muebles? ¿están hechos verdaderamente a su medida?

Más allá de sus funciones prácticas (guardar, escribir, sentarse), la forma del mueble debe permitirle al niño identificarse con él, sentirlo suyo, hecho a su medida. El mobiliario más usual es aquel que reproduce, en miniatura, el diseño de los muebles para adultos. Pero los niños no son adultos en miniatura: tienen sus propias necesidades, sus propios gustos y su propia concepción del espacio.

Los muebles “hechos a su medida” incorporan, además de la función práctica que les corresponde, las ideas de juego y de movimiento.

En general, se representa el mueble como, algo estático, mientras el niño busca movimiento: girar, trepar, cambiar, dar vuelta, sacar, poner, etc. El movimiento permite combinar acciones cotidianas que parecen aburridas, como la de guardar objetos, con una idea de juego.

Los niños no tienen los mismos criterios de orden y pulcritud que sus padres. Y muchas veces también aportan sus nociones personales sobre la función del mobiliario: duermen sobre un escritorio, escriben en el piso, guardan sus cosas en inverosímiles lugares que para ellos son realmente cómodos.

Escrito por | 30 de mayo de 2011 con 0 comentarios.
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