El mundo irreal de los niños

Crecer en medio de computadoras y otros aparatos mágicos también favorece el pensamiento maravilloso. Que del microondas salga un delicioso plato de fideos en un minuto o que la puerta del garaje se eleve como por arte de magia son eventos que no comprenden y que se explican según sus propias reglas. Y una de ellas es recurrir a la imaginación, a la creatividad.

Pero no son ésas las únicas razones: si la magia no existiese, los niños la inventarían. Para ellos los objetos tienen vida propia, sentimientos y hasta intenciones, y esto los ayuda a establecer las leyes de por qué pasan las cosas. Por medio de la fantasía, aprenden a estructurar el mundo que los rodea; se explican, a su manera, los muchos detalles que aún se les escapan.

Hasta que la racionalidad lógica empiece a instaurarse en sus vidas (alrededor de los seis años) no les será fácil entender que los hechos obedecen siempre a una causa determinada. Y como se topan a diario con muchos porqués sin resolver, recurren al pensamiento mágico para hallar una respuesta. La fantasía no sólo no les provoca ningún perjuicio: es más, la necesitan. Sus fantasías nos hablan de las cosas que les interesan.

Escrito por | 18 de abril de 2011 con 0 comentarios.
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