El niño y los objetos de su ambiente

Para analizar la relación entre el niño y el ambiente, debemos observar qué influencia ejerce el ambiente sobre la personalidad del niño.

Según algunos psicólogos, la personalidad del niño se forma «por distinción del reconocimiento lógico circunstante de su estructura». El niño, que, en un primer tiempo, no percibe la diferencia entre las cosas que forman parte de su cuerpo y las que le son externas, poco a poco consigue distinguirse a sí mismo de los objetos que le rodean y atribuir a cada uno de ellos su individualidad. De esta manera, los objetos adquieren valor para el niño y contribuyen tanto más al desarrollo de su personalidad cuanto más caracterizados están.

Por consiguiente, si se incluyen en la habitación del niño objetos, elementos, muebles, presencias significativas como esculturas o cuadros relacionados con la familia, todo ello constituirá el mundo al que se va asomando y que le acompañará dialécticamente hasta la edad adulta, por ser unas referencias concretas a la cultura de su grupo familiar.

Según otros psicólogos, sin embargo, es conveniente que el espacio y los elementos del mobiliario “crezcan” con el niño: por ello se le debe rodear de elementos que puedan variarse y “crecer” a la par de su pro pió desarrollo, siguiendo unos esquemas cada vez más complejos. Se trataría, en este caso, de moldes elementales repetitivos y neutros, cuya contribución es menor en la formación de la personalidad del joven, al estar menos cargados de valores “culturales”.

El primer sistema que hemos citado tiene, con sus elementos fijos, una fuerza de comunicación que consigue crear una estructuración del espacio. Contiene un mensaje de mayor intensidad, por lo que es eficaz para formar la personalidad del niño. El segundo sistema presenta la indiscutible ventaja de simplificar los esquemas de adaptación del espacio, permitiendo igualmente una excepcional versatilidad con el paso del tiempo, además de poder cambiar rápidamente la disposicior. de los diferentes elementos según las necesidades o para usos imprevistos. De esta forma favorece las aptitudes creativas del joven para organizar su propio espacio.

Por supuesto que, en la práctica, la alternativa es menos rígida y los términos resistencia y variabilidad pueden integrarse para alcanza: mejores resultados; además, es corriente que se usen a la vez piezas de tipo tradicional, cargadas de recuerdos familiares, y otros elementos que pueden variarse, y “crecer” al mismo tiempo que el niño.

Escrito por | 17 de septiembre de 2011 con 0 comentarios.
Etiquetas: , , , ,
Lee más artículos sobre Muebles y decoración

Artículos relacionados

Aún no hay comentarios. Sé el primero.

Deja una respuesta