El odontólogo y el niño diferente

La asistencia odontológica de un niño discapacitado requiere, ante todo, la comprensión y el apoyo del profesional. Dos puntos de partida fundamentales para lograr el tratamiento adecuado.

La atención del niño con algún tipo de discapacidad es un compromiso no siempre aceptado por el odontólogo. Quizás por no sentirse apto para resolver el problema. Tal vez por temor a dañarlo o ser dañado. O por no poder superar reacciones emocionales frente a él o sus padres.

Los padres de estos niños suelen pasar progresivamente por sentimientos y reacciones de confusión, frustración, culpa, amargura, envidia, sobre-protección, rechazo y resignación. Ellos necesitan el apoyo y la comprensión de todos los especialistas (también del dentista) y, por supuesto, ser atendidos sin apremios en cada una de las visitas.

Es, sin duda, un niño distinto, en quien determinadas capacidades para realizar actividades dentro de lo que se considera “normal” están disminuidas o faltan.

Salvo ciertos casos de niños con retardos mentales profundos, o paralíticos cerebrales graves, o con problemas psiquiátricos intensos, cuyo tratamiento tiene que ser realizado con anestesia general, en quirófano o con dispositivo de seguridad para prevenir movimientos intempestivos, los niños con otros padecimientos (diabéticos, hemofílicos, cardiovasculares, pulmonares, renales, epilépticos, mogólicos, sin olvidar a los ciegos, sordos y autistas) pueden ser tratados como pacientes ambulatorios, con los elementales recaudos para prevenir complicaciones (cobertura antibiótica, antihemorrágica, sedación, etc). Y para lograr un enfoque integral de la situación, es obligatorio el contacto con el pediatra.

Escrito por | 2 de febrero de 2011 con 0 comentarios.
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