El olfato del recién nacido

No sabemos hasta qué nivel el recién nacido siente los olores, ni con qué intensidad, ni cuáles advierte más y cuáles menos, y ni siquiera cuáles le gustan y cuáles no. Puede considerarse, de todos modos, que el niño pequeño posee una sensibilidad olfativa muy inferior a la del adulto, tanto cuantitativa como cualitativamente.

Sin embargo, es necesario tener en cuenta el hecho de que el adulto ha sido fuertemente condicionado por el ambiente en que vive. En otras palabras, un adulto juzga un olor como “bueno” o “malo” basándose en ciertas costumbres, en lo que se le ha enseñado, y no sólo por las peculiares características de ese olor.

El olor del éter, por ejemplo, hace que algunas personas se desvanezcan, mientras que otras permanecen totalmente indiferentes y otras lo consideran incluso muy agradable. Lo mismo puede decirse del olor de ajo, del de un campo abonado o del de la gasolina. El recién nacido, naturalmente, no está todavía influido por nada, y es lógico que permanezca, por lo tanto, indiferente a muchos olores que a nosotros nos parecen deleitosos o repugnantes. Esto no significa que no los perciba, sino simplemente que ellos no suscitan en él ninguna reacción particular.

Escrito por | 17 de octubre de 2011 con 0 comentarios.
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