El parto en casa

En las últimas dos o tres décadas, como parte integrante de una filosofía de la vuelta a lo natural, comienza a perfilarse una tendencia al cuestionamiento de la asistencia del parto en las instituciones, propugnando la atención fuera de las mismas y proponiendo como alternativa el parto domiciliario.

En esta propuesta el parto pasa a ser un hecho enteramente familiar, del cual no se excluye al esposo ni a ningún otro integrante de la familia. El reclamo es, a todas luces, justo. Quizá la respuesta no sea la adecuada. Hecha la demanda, surge la oferta. Profesionales de la medicina incorporan a su práctica técnicas no tradicionales; surgen nuevos nombres para designar lo que desde siempre debió ser llamado parto normal.

Las palabras “goteo”, “episiotomía”, adquieren una connotación negativa. La consigna es: si el parto es un hecho natural, nada malo puede pasar. El reclamo de las pacientes parece ser: “si antes recibían mucha medicación, y esto es malo, ahora, lo indicado es no dar medicamento alguno”. La antinomia no tiene sentido, esta actitud es tan peligrosa y carente de sentido como aquellas a las que intenta oponerse.

Si bien es cierto que la gran mayoría de los partos transcurre dentro de la normalidad, por cauces ya establecidos por la naturaleza a través de millones de años, y no necesita de la atención médica para realizarse, ello no implica que el “no-intervencionismo” justifique el “no-cuidado”.

Escrito por | 11 de junio de 2011 con 0 comentarios.
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