El parto por cesárea

Por operación cesárea se entiende la extracción del feto por vía transabdominal y mediante intervención quirúrgica, en vez de seguir el curso normal a través del canal del parto. La operación cesárea se remonta a la antigüedad y, al parecer, los egipcios ya la practicaban.

En su «Historia Natural», Plinio afirma que los niños que habían costado la vida de la madre crecían después bajo los auspicios de un feliz destino, y recuerda a Escipión el Africano y al primero de los Césares, que nacieron gracias a la incisión del abdomen materno.

Actualmente se practican dos tipos de cesárea:

Cesárea e histerectomía: es una eventualidad muy rara. En los casos en que ello es necesario, se procede a la ablación del útero después de la extracción del feto.

Conservadora: es la habitual y consiste en la incisión de las paredes abdominales hasta llegar al peritoneo. Éste se incide también y se alcanza el útero, en el que se practica otra incisión en su segmento inferior. A través de esta abertura es extraído el feto.

Hasta la aparición de las sulfamidas (1936), la cesárea era una intervención limitada a pocas indicaciones obstétricas a causa de la elevadísima mortalidad y morbilidad que la caracterizaba. Después de la invención de los antibióticos, la difusión de esta intervención quirúrgica ha alcanzado un nivel notable y se ha visto favorecida, aparte de la posibilidad de emplear una gama de antibióticos cada vez más vasta y poderosa, por otros factores (modernas técnicas de anestesia y de reanimación, disponibilidad de grandes cantidades de hormonas oxitóxicas, etcétera).

Las indicaciones para la operación cesárea se han hecho cada vez más numerosas y han sustituido con éxito a muchas de las clásicas y traumatizantes operaciones obstétricas. La mortalidad es actualmente muy reducida (0,2 %) y no supera a la de los partos normales.

Escrito por | 11 de julio de 2011 con 0 comentarios.
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