El primer año se pasa rápido

Qué pronto pasa el primer año de un niño! Parece que fue ayer cuando el pequeño  aterrizó en nuestras vidas, con apenas tres kilos (o poco más) y un montón de ilusiones bajo el brazo. Ahora no podemos imaginarnos nuestros días sin él, con todas las satisfacciones que nos da, con todas las preocupaciones (también) y, sobre todo, con esas inmensas ganas que tiene de llevarse el mundo por delante.

No es que a los 12 meses y un día deje de repente de ser un bebé, no; todos sabemos que eso es puro convencionalismo. Es más, somos conscientes de que todavía nos necesita mucho, muchísimo, y durante muchos años más. Pero sí es cierto que después de su primer cumpleaños empezamos a darnos cuenta de que es tiempo ya de que a nuestro intrépido investigador le vayamos dejando claro quién es el “jefe” (¿él o nosotros?); y de que necesita también que en su rutina diaria hayamos sembrado o empecemos a preparar el terreno para que los buenos hábitos (comida, sueño, autonomía, relaciones sociales…) den los frutos que esperamos.

Y como nos preocupa el bienestar, la salud, la educación y la felicidad de nuestro hijo, nos planteamos muchas preguntas: ¿lo estamos haciendo bien?, ¿no estará demasiado mimado?, ¿lo consentimos en exceso?, o, como dice a veces la abuela, ¿no lo estaremos malcriando?

Escrito por | 25 de enero de 2011 con 0 comentarios.
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