El tacto del recién nacido

Al igual que el olfato y el gusto, también existe el tacto, seguramente, ya en el momento de nacer. Pero tampoco sobre este sentido podemos aventurarnos a afirmar nada con toda seguridad. Por ejemplo: ¿siente dolor el recién nacido? Sí, lo siente, pero no podemos valorar su nivel de sensibilidad ante estímulos que para nosotros son muy dolorosos. Veamos el caso de una inyección intramuscular: normalmente, y si la pone una persona experta, el niño ni siquiera se dará cuenta del momento en que penetra la aguja, mientras que será muy difícil que un adulto no advierta este pequeño traumatismo.

Pero es necesario tener presente que el adulto, o incluso el niño algo mayor, sabe por experiencia que en aquel momento un instrumento metálico, aunque sea muy delgado, se le va a “clavar” en la nalga; y, en cambio, el recién nacido no lo sabe.

Surge entonces la pregunta: ¿si alguien nos pusiese una inyección sin que supiésemos lo que ello significa, sentiríamos el mismo dolor? ¿O bien acaso una parte de nuestra sensibilidad proviene de la conciencia de lo que nos está sucediendo? Eso querría decir que, si ignorásemos lo que es una inyección, quizá seríamos menos sensibles a ella… como parece ocurrir en el recién nacido.

En otras palabras, puede suceder que el recién nacido tenga una sensibilidad similar a la nuestra, pero que la falta de experiencia le hace más indiferente, menos tenso y temeroso. Es probable, de todos modos, que el recién nacido tenga un sentido del tacto menos sutil y refinado que el del niño mayorcito y el del adulto. Pero no sabemos en qué grado.

Durante el primer año de vida, parece cierto que el sentido del tacto va especializándose a medida que el niño puede tocar y manipular diversos objetos con características diferentes. Pero, una vez más. es muy difícil valorar con precisión los progresos que en este campo se realizan.

Escrito por | 29 de octubre de 2011 con 0 comentarios.
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