Empezar a caminar

La facultad de desplazarse sobre las dos piernas no se adquiere de la noche a la mañana. Antes tienen que madurar los músculos del aparato motor, el sistema nervioso y el sentido del equilibrio, todo ello orquestado por el cerebro. A lo largo de su primer año, el bebé ejercita sin cesar todo su cuerpo. Ya el recién nacido, que se esfuerza en levantar la cabeza cuando se encuentra boca abajo, está sentando las bases para ese primer paso, que dará un año más tarde.

A los cuatro o cinco meses, tratará por primera vez de darse vuelta cuando está acostado boca abajo, y al revés. Más tarde intentará levantar el tronco, hasta que logre mantenerse un rato sentado.

Y qué decir del pataleo, el ejercicio motor por excelencia. Incansablemente encoge y extiende las piernas, apoya los pies contra las paredes de la cuna, se empuja… y vuelve a empezar con una agilidad cada vez mayor.

Un hito importantísimo en su desarrollo motor lo constituye el gateo, ya que con él comienza su verdadera autonomía. Y finalmente llegará el día, quizás ya con siete u ocho meses, en que el pequeño se sienta poderosamente llamado por la verticalidad: a toda costa querrá ponerse de pie. Agarrándose a la mano de mamá o aferrándose a los barrotes de su cuna, tirará hacia arriba hasta conseguir sus propósitos.

Con las piernas arqueadas y la colita echada para atrás, aún tembloroso por el esfuerzo, nuestro minúsculo héroe se pondrá, por fin, de pie. ¡Todo un triunfo!

A partir de este momento suelen transcurrir uno, dos o tres meses más hasta que el niño se mantiene de pie con firmeza y sin agarrarse. Ahora ya falta muy poco para que dé su primer paso autónomo. Las inevitables caídas suelen verse casi siempre amortiguadas por el paquete de pañales y no lo frenarán en su empeño. Sólo si sufriese un golpe realmente fuerte, el pequeño podría asustarse y posponer un nuevo intento.

Escrito por | 29 de marzo de 2011 con 0 comentarios.
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