Enseñar a los niños a compartir

Si a pesar de nuestros esfuerzos conciliadores, los niños se niegan a desprenderse de lo que es suyo, por más que se lo pidan, los padres deberemos respetarlos. Los adultos tampoco estamos siempre dispuestos a prestarlo todo. Estas disputas infantiles son prácticamente imposibles de evitar, pero algo sí se puede hacer para que no se conviertan en una constante.

Una buena idea para prevenirlas es llevar a la plaza, o cuando vamos de visita, algunos de sus juguetes favoritos para que no empiecen a desear los de los demás. Un juguete atractivo se cotiza más si se quiere hacer algún cambio.

Al principio, los trueques y préstamos les cuestan mucho, pues creen que lo que se da se ha perdido para siempre. Por mucho que se les explique que su amiguito les va a devolver su querido teléfono en seguida, no es sencillo quitarles el miedo de no recuperar lo prestado. Los razonamientos no les sirven de nada, pues aún no tienen noción del tiempo. Si un adulto cuenta hasta diez o veinte y después se efectúa el cambio, pueden entenderlo, porque los números tienen algo mágico para los niños.

Muchas veces no es el hecho de que se peleen por una cosa u otra lo que desespera a los padres, sino que, de repente, se les antoje un juguete al que nadie había prestado antes ninguna atención.    Marina, de dos años y medio, se pasa a veces días sin sacar alguno de sus muchos trastos del cesto de los juguetes. Pero en el momento en que alguien le echa un ojo encima, grita rabiosamente “¡Mío!”. Esto es normal pues cualquier cosa se revaloriza automáticamente en cuanto alguien demuestra su interés.

Escrito por | 27 de abril de 2011 con 0 comentarios.
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