Espacios en la habitación infantil

Si bien la organización del espacio del niño debe responder a unos principios lógicos, de autonomía y de autenticidad, no debemos olvidar que las características físicas que predetermina el alojamiento, y en particular las del lugar destinado al niño, reducen las posibilidades de aplicar dichos principios.

A pesar de los frecuentes condicionamientos que impone la conformación de la vivienda -y la localización de las ventanas, puertas, calentadores, etc.-, tiene mayor importancia organizar correctamente el espacio en general que encontrar una brillante solución para los detalles, a los que se puede renunciar si hiciera falta. Más que de la colocación de los diferentes elementos de mobiliario, debemos preocuparnos del espacio que queda entre ellos, o sea, de la superficie de la que puede disponer el niño: ese espacio es el elemento de relación entre los objetos presentes y él mismo.

Efectivamente, es en esta superficie libre donde se desarrollan sus actividades, que se manifiestan esencialmente a través del movimiento y de la espontánea combinación de las relaciones entre las cosas. De ahí que no sea conveniente preconstituir un esquema rígido en este ambiente, que, por el contrario, deberá constituir un “paisaje” rico y polifacético, en el que los significados de los diferentes elementos principales y secundarios podrán modificarse según el uso y el momento.

El ambiente más favorable es aquel que se obtiene por medio de luces suaves y difusas, filtrando la iluminación solar directa con visillos o persianas de láminas orien-tables. Por otra parte, tampoco se deben incluir en esa habitación accesorios que acumulen polvo o sean delicados, o que de alguna forma constituyan, aunque sólo sea indirectamente, un peligro para el pequeño, por muy adecuados y decorativos que resulten.

Escrito por | 22 de febrero de 2012 con 0 comentarios.
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