Hablar con el niño al aire libre

Cuando el niño tiene entre seis y  ocho meses, el paseo empieza a ser más complicado. Tanto en invierno como en verano, podéis sentaros en algún banco y empezar a hablarle mostrándole todo cuanto le rodea: las plantas con sus hojas y sus flores, los animales, otros niños… Lo que importa es, sobre todo, el tono de la voz y el “modo” de hacerle observar el mundo. Sólo así el niño se acostumbra a considerarlo todo con confianza y tranquilidad.

Durante el paseo en el cochecito, el niño comienza a entrar en relación directa incluso con otros niños mayores, que se le acercan, lo tocan y le quitan sus juguetes. Todo esto es de fundamental importancia, porque le obliga a reaccionar, a defenderse o a interesarse por lo que ocurre a su alrededor.

Todo esto es muy útil también para vosotros, porque os permite observar sus reacciones. Si sois unos padres ordenados y estudiosos, podréis anotar en un diario el comportamiento del niño durante estas primeras salidas. Más adelante os será muy provechoso, para comparar las etapas de su desarrollo psicológico desde sus primeras reacciones.

Durante el verano podéis incluso extender una manta sobre el suelo del campo y dejar que el niño juegue sobre ella y se desenvuelva en total libertad; conviene ponerle a su alrededor sus objetos preferidos, para que así se sienta más seguro. Esto hará que cada vez amplíe más sus conocimientos, adquiriendo nuevas sensaciones, tanto agradables como desagradables.

Escrito por | 23 de septiembre de 2011 con 0 comentarios.
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