Iluminación en la habitación infantil

La calificación del espacio destinado al niño depende esencialmente de los recorridos que se establecen entre los diversos centros de atención y de interés, a los que el niño se refiere cuanto utiliza su espacio. Por consiguiente, serán continuos, lineales, lógicos, porque puede complicarlos espontáneamente con una serie de movimientos imprevistos, repetidos, cruzados.

Responde igualmente a este criterio la elección de la situación y de la calidad de la iluminación artificial. Es mejor suprimir las lámparas de luz concentrada, que deslumhra, así como las fluorescentes, que no están adaptadas a la sensibilidad del niño.

Es preferible optar por un tipo de iluminación suave y difusa, que se extienda por todo el ambiente, de la forma más parecida posible a la luz natural, que acentúe la sensación de continuidad física del ambiente.

Se evitarán los contrastes excesivos entre la superficie iluminada y la penumbra circundante, que se dan con las fuentes luminosas focales.

La iluminación integradora estará relacionada con el recorrido o con la iluminación directa diurna, de la cual conviene que el niño no se aparte mucho, para que no sufra una alteración imprevista de las condiciones ambientales a medida que pasan las horas.

La sensibilidad de los niños a las luces es tan grande que no sólo da sentido y significado a los colores y a las superficies, sino que también define las relaciones de profundidad, distancia e, incluso, de medida de los objetos. Son, pues, estas luces un vehículo de experiencias sensoriales e intelectuales, que contribuyen favorablemente a la formación de la personalidad.

Nunca se debe infravalorar la función de la iluminación; no hay que recurrir, exclusivamente, a las soluciones simplificadas que se basan en los esquemas funcionales derivados de una lógica indiferente de la disposición del alojamiento, como colocar el punto de luz central en el techo de la habitación. Tampoco conviene dejarse fascinar por la publicidad de lámparas bien diseñadas pero que no suelen estar adaptadas a los cuartos de niños.

Las fuentes de luz de la habitación del niño se deberán situar en función de una razón precisa. Junto al punto de luz general que difunde una luz armoniosa en toda la estancia, colocaremos luces integradoras que deberán coincidir con los puntos de mayor interés de la habitación, donde se necesita una iluminación más intensa, como el plano de trabajo, de juego, o el de las actividades en las que se use más la vista.

Escrito por | 10 de abril de 2012 con 0 comentarios.
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