Jugar con autonomía

En torno a los cinco o seis meses, los niños pasan ya algunos ratos entretenidos con un juguete, siempre y cuando sepan que su mamá anda cerca, le hable e intervenga de vez en cuando en su juego. Poco a poco esos ratos se alargan, pero las condiciones no cambian: todavía necesita saber que su mamá está ahí y que correrá cuando él la necesite o, simplemente, se aburra. Si desde pequeño está acostumbrado a que un adulto (mamá o papá, la niñera…) participe siempre y en todo momento en sus juegos, es lógico que proteste si, de repente, se le niega ese compañero incondicional.

Los niños disfrutan mucho jugando con los adultos (si los conocen bien, claro), y más a esta edad. No les disputan sus juguetes, celebran cada logro suyo con entusiasmo. Todavía no saben jugar con otros niño; les complace estar en su compañía, pero cada uno está en lo suyo; se limitan a jugar al lado de.

El mejor juguete para un pequeño son sus padres, por supuesto, pero no sólo ellos. Lo primero es darle los juguetes adecuados para su edad (muñecos blanditos, piezas grandes de plástico o de madera para hacer torres, para encajar, vehículos para rodar, etc.); y lo segundo, ayudarlo para que empiece a tomarle el gusto a lo que está haciendo.

Cuando el pequeño se involucre con el asunto, podemos dejarlo solito e intervenir a distancia: “¡Qué torre más alta te salió:”: “¡Qué impulso que le diste al autito!”. Con paciencia y respetando esos breves momentos de autonomía, empezará progresivamente a mostrarse más independiente en sus juegos. Pero sólo un poco; al principio, es normal que esos ratos no duren más allá de unos veinte minutos.

Escrito por | 26 de enero de 2011 con 0 comentarios.
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