La capacidad de aprender

Erróneamente, la capacidad de aprendizaje suele ser definida en términos de rendimiento escolar, pero ésta comienza a estructurarse desde la edad más temprana y depende de múltiples factores.

La escuela tiene un rol social asignado, que es la introducción del niño en la cultura de la lectoescritura, y un papel subyacente que consiste en proporcionar la socialización, ya que el microcosmos escolar reproduce el orden imperante en el macrocosmos social. Las contradicciones entre familia y sociedad encuentran un blanco  de impacto a través de la estructuración de los vínculos maestro-alumno, que repiten pautas de origen extraescolar.

El papel del docente de estimular e instruir necesita una previa relación afectiva con su educando. Los escollos para la integración de ese lazo emocional son innumerables y abarcan la problemática individual del alumno la conflictiva familiar y las crisis institucionales del sistema educativo.

El estudio del desarrollo intelectual del niño incluye múltiples autores y escuelas de pensamiento. Un breve resumen permite destacar una base neurológica, con una serie de estructuras del pensamiento simbólico encadenadas progresivamente. La construcción de la posibilidad de aprender se basa en nociones cognitivas integradas, de complejidad creciente. Cada nivel superior abarca las nociones del anterior y permite nuevos logros. La integración se hace por saltos evolutivos (“de un día para otro se largó a leer…”). La construcción de esta línea de desarrollo se fundamenta sobre procesos emocionales tempranos de la relación madre-hijo. Si se analizan las particularidades del primer año de vida del niño, notaremos los complejos procesos que se llevan a cabo en ese período.

Escrito por | 9 de agosto de 2011 con 0 comentarios.
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