La decisión de tener otro hijo

Si plantearse tener un hijo a veces no es fácil, animarse a encargar un segundo es bastante más complejo. Decidirlo simplemente por dar un hermanito al mayor o por buscar “la parejita”, parece poco razonable y bastante injusto. En cambio, al hacerlo en función del deseo, la madurez y el equilibrio de la pareja convierte esta segunda experiencia en algo totalmente nuevo, extraordinario y distinto.

De pronto te encuentras mirando a cada bebé que pasa por la calle y, al ver a tu hijo, comprendes que, sin darte cuenta, se ha hecho grande. De pronto las náuseas, el parto, los puntos han quedado en el olvido y sólo recuerdas la ternura y la sonrisa de tu bebé, sus bracitos, sus piernas, sus gateos. Entonces, el deseo de volver a ser madre se abre bruscamente y comienza a ser irresistible.

Pero no siempre es así. Muchas parejas tienen claro, desde antes de la concepción del primero, que no quieren reducir su paternidad a un solo hijo. Otras ya han pensado cuánto tiempo deben espaciar los nacimientos entre uno y otro hijo. Sin embargo, para la gran mayoría de los padres, el tema del segundo hijo supone una gran incógnita. El cómo, cuándo y por qué son cuestiones muy elásticas sobre las que no hay reglas fijas.

El hecho de que todas las familias que han decidido optar por el segundo hijo apoyen consecuentemente su decisión y nos transmitan su alegría, no quiere decir que las parejas que se han decidido a tener uno solo estén cometiendo algún tipo de error o perjudicando de algún modo al niño. En realidad, la única conclusión clara que podemos extraer  es que el conocimiento de causa hace que la experiencia del segundo hijo sea totalmente distinta.

Escrito por | 4 de julio de 2012 con 0 comentarios.
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