La estructura ósea del recién nacido

Después del nacimiento (a veces, incluso a las pocas horas), una madre atenta puede observar algunos signos de alteración en el aparato locomotor (huesos, articulaciones y músculos); y es muy importante que los detecte, porque entonces se puede actuar en seguida con óptimos resultados para la completa normalización del niño.

La luxación (o preluxación) de la cadera es una de las alteraciones congénitas más frecuentes, que aparece sobre todo en las mujeres en cuyas familias hay padres, ascendientes o colaterales que tengan este defecto. Los signos de una preluxación (que, si no se cura, puede transformarse en una verdadera luxación) se advierten ya en las primeras horas o durante los primeros días posteriores al nacimiento. Algunas de las pruebas específicas que permiten detectarla son:

• La maniobra de Ortolani. Se coloca al bebé tumbado sobre su espalda y completamente estirado; se le doblan (flexionan) los muslos sobre la pelvis (el vientre), y las piernas, a su vez, sobre los muslos, de modo que queden las rodillas bien dobladas. Con las palmas de las manos, luego, se agarran las rodillas y se giran los muslos hacia el exterior. En este caso, si hay una displasia, se oirá un crujido (crujido de salida). Al volver después los muslos a la posición normal, se podrá oír un segundo crujido (crujido de entrada), debido a que vuelve a su posición original la cabeza del fémur.

• La variación de Barlow. Se tumba al niño sobre su espalda, como en el caso anterior; se coloca el dedo medio sobre la porción superior del muslo (fémur) y el dedo pulgar en la parte interior. Se presiona sobre este punto: si existe una preluxación, se oirá un crujido.

Escrito por | 6 de septiembre de 2011 con 0 comentarios.
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