La frustración de perder

Entre los 5 y los 6 años los niños comienzan a medirse con sus compañeros. ¿Quién es más fuerte, más rápido, más hábil? No es casual que a algunos les cueste aprender a perder.

Es que por primera vez se enfrentan a la idea que tienen de sí mismos ajustada a la realidad. Es decir, hasta ese momento los halagos de sus padres – que bien que haces esto, que hermoso que eres, que bien comes, etc- han formado una imagen de sí mismos. Ellos creen que son los mejores pero llega el momento en el que, producto de la socialización, deben ajustarse a la realidad, medirse con los demás para descubrir que no son los mejores en todo. Entonces aparece la frutración, las dificultades para perder.

Esto es muy común y no hay porque alarmarse. Apenas se trata de un proceso que deben transitar con la ayuda de sus padres. Aprender a perder implica renunciar, aceptar, ceder y conformarse con situaciones que de alguna manera dejan entrever que “no somos los mejores en todo”. Si bien los padres tienen la tarea de transmitirles confianza y seguridad también deben ayudarlos a enfrentarse con la realidad, que en ocasiones conlleva frutración, pérdidas y renuncias. Lo importante es decirles que siempre tienen mucho por aprender y que uno se equivoca pero vuelve a comenzar.

Escrito por | 27 de octubre de 2013 con 0 comentarios.
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