La primera adaptación del recién nacido

En los centros obstétricos de hospitales y clínicas se tiene más cuidado en facilitar la adaptación al mundo externo: se usan cortinas para reducir la luz natural o se oscurecen las lámparas. El equipo médico no discute sobre el menú del bar. Cuando el bebé ya está afuera, se habla bajo y se evitan los ajetreos. Se lo cubre con paños calientes o se lo expone a una lámpara de calor. Y el cordón umbilical ya no se corta hasta que respira tranquilamente. Por supuesto que están permitidas todas las expresiones de emoción y alegría por parte de los padres y profesionales. Esa alegría también la siente el bebé.

Por supuesto, no se desatiende la seguridad médica: el neonatólogo comprueba, mediante el Test de Apgar, que está bien, y es entonces cuando restringe su presencia para interrumpir lo menos posible la relación madre-hijo.

Las mujeres tienen la necesidad de acariciar a su bebé, de forma que inmediatamente después de nacer se lo pone encima del vientre materno sin ningún tipo de interferencias para que haya un contacto piel a piel; y esto parece que es muy positivo tanto para la madre como para el recién nacido, hasta el punto de que, si se lo coloca en la posición adecuada, intenta enseguida mamar en forma espontánea, lo que favorece una lactancia correcta y prolongada.  Además, estos bebés reconocen la voz de su mamá en pocos días y dejan de llorar cuando ella entra en su cuarto.

Y también encuentran apoyo en los brazos del padre: abren sus deditos y se mueven, notan sus extremidades, sienten fronteras en un espacio que parece ilimitado.

Escrito por | 22 de diciembre de 2011 con 0 comentarios.
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