La rutina del niño que ingresa al colegio

Entendido desde el punto de vista afectivo, ingresar en la escuela, en un sistema de códigos nuevos, con personajes adultos extraños, diferentes de las figuras de mamá y papá, implica una separación. Dicha separación comprende un alejamiento de ios códigos de comunicación establecidos en los años previos entre el niño y su madre, primero; entre el niño y los restantes miembros de la familia, después. Hemos hablado del esfuerzo que implica para toda madre comprender por qué llora su bebé.

Para crecer y legar a ser un niño que debe ir a la escuela, ese niño tuvo que abandonar una serie de objetos amados: para acceder a la taza y los cubiertos tuvo que perder primero el pecho, luego la mamadera. Para controlar sus esfínteres y ser todo’ lo “civilizado” que la cultura espera tuvo que perder los pañales y los placenteros cuidados que, alrededor de las funciones biológicas de micción y defecación, le brindaba su mamá.

Regular el sueño hasta llegar a tener noción de la hora, y más tarde, en la escuela, cumplir horarios de entrada y de salida; esperar el momento del recreo, significa el abandono de la atemporalidad idílica que representaba el dormir y despertarse para ser calmado, acariciado, atendido por una mamá solícita y disponible en todo momento. Caminar significa poder recorrer otros espacios, dominar el propio cuerpo, pero también alejarse de los protectores brazos familiares.

Escrito por | 10 de febrero de 2012 con 0 comentarios.
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