La separación de los padres

Una separación matrimonial no solamente afecta al hombre y a la mujer que deciden poner fin a un proyecto de vida en común. Si hay hijos, el problema se bifurca, ya que estos rechazan la idea de que mamá y papá ya no estén juntos. ¿Existen respuestas coherentes para evitarles tal trauma? Sí, existen.

Nunca es bueno mentir. Mucho menos, frente a un problema como éste. Lo que no se “dice” con palabras se expresa igualmente de algún modo, y suele ser peor. Todo depende de la edad que tenga el niño, pero hay una regla básica que debe aplicarse siempre: plantear la cuestión de una manera simple y en pocas palabras. Por ejemplo: “Nos vamos a separar porque ya no podemos seguir viviendo juntos”. El mismo niño preguntará si necesita más información. No hay que angustiarlo de más haciéndolo participar de problemáticas adultas, que no le corresponden.

Para ambos padres, la regla de oro es no criticar jamás al cónyuje. Si el niño percibe poco respeto entre sus padres tendrá conflictos. Además, las críticas pueden generar hostilidad hacia el padre o la madre y orientar al niño a ponerse en una actitud de “juez”, en lugar de ayudarlo a sostener una posición objetiva.

Los hijos deben saber que más allá de que mamá y papá ya no sean una pareja, ellos no se quedan sin padres: el vínculo maternal o paternal no se romperá. Es fundamental que comprendan que es la pareja la que se separa, no los padres de los hijos.

Es habitual que un pequeño tenga respuestas negativas frente a la separación de los padres. Y es también normal. Está expresando el rechazo y la angustia que le provoca la situación. Por eso no será recomendable presionarlos o sobreexigirlos si tienen actitudes rebeldes, depresiones pasajeras o desajustes en la escuela o en las actividades que venían desarrollando.

Escrito por | 7 de enero de 2010 con 0 comentarios.
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