La separación de mamá

Está claro que el pequeño va gestando su autonomía, pero se resiste a que lo arrebaten del lado de su mamá. ¿Cómo conseguir entonces superar el estrés que le provoca la separación? ¿Es la etapa idónea para llevarlo a una guardería o es mejor dejarlo al cuidado de otra persona?

El miedo o rechazo a los extraños suele aparecer en torno a los ocho meses y puede durar hasta bien entrado el año. Durante esta etapa, por lo tanto, no es el momento más adecuado para inscribirlo en una guardería. No sólo no lograríamos que fuera más independiente, sino que incrementaríamos sus temores. Hasta que supere esa fase, es preferible dejarlo al cuidado de un familiar o de otra persona.

El progreso debe ser gradual y, teniendo en cuenta que el pequeño necesita constantemente un adulto, accesible a sus necesidades. El llanto y cualquier otra reacción de rechazo o recelo son normales, pero en este momento es cuando más ánimo y confianza hay que infundir al bebé.

Su perspicacia habitual para captar temores a su alrededor parece avivarse en circuntancias como éstas, cuando alguien diferente a papá o mamá tiene que encargarse de su cuidado. No se trata de sucumbir ante sus lágrimas prometiéndole cosas imposibles o aumentando el desconcierto con titubeos o nerviosismo. La mejor respuesta ante su llanto es la tranquilidad y depositar toda la confianza en la persona a quien encomendamos nuestro hijo. Si el pequeño ve que confiamos en ella, él también aprenderá a hacerlo.

Cuando por circunstancias familiares, el niño tenga que ir a una guardería, debe respetarse siempre el tiempo de adaptación que necesita (una semana, dos, incluso un mes). Es decir, que en la institución permitan que la mamá permanezca con su hijo.

Escrito por | 12 de abril de 2011 con 0 comentarios.
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