Las comparaciones entre niños no son buenas

¿Quién no las ha escuchado alguna vez?: “¡Hijo, no le aciertas a la pelota ni de casualidad! No sé a quién saliste, porque yo a tu edad era delantero del equipo de mi colegio” “¡Mira que no saber leer todavía! Tu hermana, a tu edad, ya aprendía las lecciones dé memoria”… Es posible que alguna de estas frases haya sido dicha de buena fe, con una sincera intención educativa, aunque el tono haga dudar de la bondad de quien las pronuncia.

Sea como sea, son un ejemplo del tipo de cosas que no deben decirse a un niño. Si las comparaciones son odiosas, en general, lo son aún más cuando se trata de educar. Con ellas suele lograrse el efecto contrario al que se busca.

No cabe pensar que un papá o una mamá pronuncie estas frases por el puro placer de herir y humillar a su hijo. Seguramente su intención es la de aguijonear al niño para que cambie y se supere. Pero es fácil que les salga el tiro por la culata: probablemente lesionarán su autoestima, lo desanimarán y quizá logren que se rinda y renuncie a superar las dificultades.

Es más, incluso un niño que no tiene lo que se dice un problema puede desanimarse ante la permanente comparación con alguien que se destaca.

Escrito por | 27 de abril de 2012 con 0 comentarios.
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