Las contracciones del trabajo de parto

Esa era la gran angustia de Sofía durante su último mes de gestación. Ponerse de parto y no darse cuenta de ello… Le daba escalofríos sólo pensar en ello. “Mi madre siempre cuenta que yo casi nazco en el coche. Empezó a tener dolores y se fue a la cama a descansar. Y se quedó dormida… Se despertó con fuertes dolores y muchas ganas de empujar. Mi padre la llevó a la maternidad rezando para que yo no asomara la cabeza por el camino. Hubo suerte y yo vi la luz en la camilla del servicio de urgencias de la Maternidad. Me aterraba la idea de que me pasara algo parecido.”

¿Qué pasó?

Cuando se acercó la fecha prevista para el parto, Sofía decidió quedarse en casa, cerca de un teléfono para poder avisar a su marido a la menor señal. Tres veces le sacó de la oficina para nada. Las contracciones que iban a ayudar a su hijo a nacer desaparecían cuando llegaba el marido a casa. Falsas alarmas, decía ella.

Cuando las verdaderas contracciones de parto tuvieron lugar, se dio cuenta de la diferencia. Desde luego, no podían confundirse con las ligeras presiones que había sentido hasta ahora. Desde que sintió las primeras contracciones hasta que su hijo nació, transcurrieron 12 horas. Pero como estaba tan asustada, en vez de quedarse tranquilamente en casa, se fue en seguida a la maternidad. De haberlo sabido, el final de su embarazo y su parto habrían sido más apacibles.

Escrito por | 6 de junio de 2011 con 0 comentarios.
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