Las diferencias entre hermanos

No se trata de darles a todos lo mismo, sino a cada uno lo suyo. Esto no implica conceder privilegios ni tener preferencias, sino hacer sentir a cada uno que él es único para nosotros y que lo tenemos en cuenta como individuo.

Aunque se quiera igual a cada hijo, no es natural comportarse exactamente igual con todos. No se reta o se juega de idéntica manera, según con quien se trate. La relación con cada hijo, como seres con sus propias peculiaridades que son, es distinta en cada caso.

Lo importante es que todos se sientan amados y que cada uno se sienta querido por sí mismo. Si un niño tiene la seguridad de que tiene un lugar muy importante en el corazón de sus padres, no andará espiando las atenciones que reciben sus hermanos, a no ser que sean los padres quienes recurran a las famosas comparaciones. No queremos decir que sea posible evitar por completo los celos entre hermanos: existen, pero se puede lograr que sean pasajeros y se reduzcan a límites razonables.

Recordemos también que tratar siempre a los niños en grupo hace la relación un tanto impersonal. En cambio, dedicarles algún tiempo individualmente, hablando de sus cosas, estrecha los lazos con cada uno de ellos y hace más personal y directo el vínculo afectivo. No hay por qué comprar regalos o juguetes idénticos, a no ser en alguna ocasión, por motivos prácticos. Si, cuando un niño recibe una prenda el otro exige una igual, quizá haya que recordarle que, sencillamente, él no la necesita. Del mismo modo, cada hijo deberá ser alabado o corregido atendiendo a sus propias circunstancias y dejando a sus hermanos fuera del asunto.

Escrito por | 25 de abril de 2012 con 0 comentarios.
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